
Las arritmias son alteraciones del ritmo o la frecuencia cardíaca: pueden manifestarse como latidos irregulares, taquicardias (ritmo acelerado), bradicardias (ritmo lento) o sensación de palpitaciones. Algunas son benignas y otras requieren tratamiento urgente o dispositivos como marcapasos o desfibrilador.
Es recomendable valoración ante palpitaciones persistentes o recurrentes, síncope o presíncope, dolor torácico asociado, disnea, fatiga inusual o antecedentes familiares de muerte súbita. El electrocardiograma, Holter, monitores evento y ecocardiograma ayudan a clasificar el tipo de arritmia.
Incluyen modificación de factores desencadenantes (cafeína, alcohol, sueño), fármacos antiarrítmicos o de control de frecuencia, anticoagulación en fibrilación auricular según riesgo tromboembólico, cardioversión eléctrica o farmacológica, ablación por catéter en centros especializados, e implante de marcapasos o desfibrilador cuando está indicado.
Además del manejo de isquemia que puede desencadenar arritmias, el intervencionista participa en implantes de dispositivos, estudios invasivos cuando hay sospecha de cardiopatía estructural isquémica y coordinación con electrofisiología para casos complejos.
Muchas arritmias son crónicas; el control periódico ajusta medicación, revisa interacciones y detecta complicaciones. En pacientes con dispositivos, el seguimiento programado es esencial para la seguridad del tratamiento.